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Los cuatro años que dieron origen a Nike Futbol

  • 17/6/2026
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Era el 14 de julio de 1994 y Brasil e Italia estaban a punto de disputar el trofeo más codiciado del futbol. La temperatura en el Rose Bowl había superado los 27 °C y, cuando ambas selecciones salieron del túnel, más de 94,000 personas llenaban las gradas, mientras miles de millones seguían el partido desde todos los rincones del planeta.

Entre ellos estaba Phil Knight, cofundador y director ejecutivo de la empresa de calzado deportivo más grande del mundo. Nike ya había transformado el mundo de runners y el basquetbol, pero el futbol, pese a cautivar al mundo entero, seguía siendo una gran frontera deportiva y cultural.

Mientras disfrutaba el partido, Knight notó algo más allá del marcador. Los brasileños —ocho de ellos con los Nike Tiempo— jugaban con una calidad que él no lograba definir del todo. Hoy la conocemos como joga bonito, expresión en portugués que significa "jugar bonito", un estilo expresivo, creativo, alegre y espontáneo.

Dos días después, Knight llamó aparte a su director global de Marketing Deportivo y pronunció tres palabras que cambiarían para siempre la relación de la compañía con el futbol: 

"Quiero a Brasil".

La selección de Brasil en la Copa del Mundo de 1994: el momento que cambió todo.

El delantero brasileño Romário levanta el trofeo en el Rose Bowl. Fue uno de los ocho jugadores de Brasil que disputaron esa final con los Nike Tiempo.

La misión

Para entender la importancia de lo que ocurrió después, es útil saber cuál era la posición de Nike al llegar al verano de 1994. El futbol —todavía llamado soccer dentro de las oficinas centrales de Nike cerca de Beaverton, Oregón— había permanecido durante años en la periferia del negocio. Se hacían tacos. Había relaciones con jugadores y equipos, así como cierto éxito moderado en el Reino Unido y Escandinavia. Pero, a escala global, la influencia de Nike en el futbol era prácticamente inexistente. Según la mayoría de las evaluaciones internas, era una categoría secundaria.

"No significábamos absolutamente nada para nadie dentro de este deporte", dijo Sandy Bodecker, el primer gerente general de Nike Futbol.

Pero eso estaba a punto de cambiar.

A principios de los años noventa, Bodecker —quien más tarde se convertiría en una figura clave al liderar proyectos como el resurgimiento de Nike SB y el ambicioso proyecto Breaking2 de Nike— era una de las mentes visionarias más respetadas dentro del área de investigación y desarrollo de calzado de la compañía. Desde hacía años, él y algunos colegas defendían la idea de que el futbol era un deporte que la marca no podía darse el lujo de ignorar. Pero hasta entonces no había existido la voluntad de actuar en consecuencia. Cuando llegó la instrucción de Knight después de la final de 1994, Bodecker finalmente obtuvo el respaldo que necesitaba. Nike Futbol se convertiría en una división independiente y él estaría al frente.

El objetivo era simple: convertirse en una fuerza relevante dentro del futbol para cuando Francia organizara el torneo en 1998. Tenían cuatro años para lograrlo.

"Queríamos convertirnos en la nueva tradición del deporte. Nos gustaba esa idea porque no teníamos una tradición antigua que defender".

Sandy Bodecker, primer gerente general de Nike Futbol

Lo que siguió fue la formación de un pequeño equipo central cuidadosamente seleccionado, integrado por un director de indumentaria, un desarrollador de prendas, un director creativo, un líder de marketing deportivo y un director de marketing deportivo global, entre otros. Eran un equipo unido, pero tenían todo en contra. Nike no tenía una historia sólida dentro del futbol y enfrentaba un gran escepticismo por parte de los expertos europeos, quienes dudaban que una empresa estadounidense operada desde Oregón pudiera entender y prestar servicios al deporte más popular del planeta.

Bodecker decidió verlo de otra manera. Adoptó el escepticismo como una motivación. Concluyó que la falta de historia no era una desventaja; era precisamente la oportunidad.

"Queríamos convertirnos en la nueva tradición del deporte", comentó al Department of Nike Archives (DNA) en una serie de entrevistas antes de su fallecimiento en 2018. "Nos gustaba esa idea porque no teníamos una tradición antigua que defender".

Eso no significaba ignorar la historia del futbol. Significaba conocerla lo suficientemente bien como para trascenderla. 

Fuera cual fuera el futuro de Nike Futbol, el éxito pasaría por respetar esa historia y, al mismo tiempo, construir algo completamente propio.

Los cimientos

El equipo puso manos a la obra de inmediato. La primera prioridad fue cerrar un acuerdo con la Federación de Futbol de Estados Unidos, un socio ideal para ayudar a Nike a impulsar y brindar servicio al deporte y a sus atletas en su propio territorio. Después de meses construyendo relaciones, Nike logró cerrar un acuerdo con las selecciones nacionales de hombres y mujeres. Este acuerdo puso fin a una relación de 28 años con el patrocinador anterior del equipo, uno de nuestros principales competidores. 

Con este solo movimiento, Nike quedó integrada en el futbol estadounidense a todos los niveles, con la posibilidad de trabajar tanto con sus máximas figuras como con las futuras estrellas y de innovar para responder a sus necesidades.

Para Mia Hamm, una de las mejores futbolistas de su generación, el atractivo de Nike iba mucho más allá del contrato. Era la promesa de algo más grande. "Significaba que tendría mucha participación en las decisiones", comentó.

Casi al mismo tiempo, Nike dio otro paso fundamental al firmar a una atleta que llegaría a definir la relación de la marca con el futbol femenino durante toda una generación. 

Dos años antes, durante un día lluvioso del Campeonato de 1992 de la NCAA, un audaz ejecutivo de marketing deportivo se había acercado a Mia Hamm tras ver a la estrella de la Universidad de Carolina del Norte anotar dos goles en seis minutos.

El contrato se negoció en el sótano del bar Rams Head Rathskeller, en Chapel Hill, donde el ejecutivo anotó los detalles en una servilleta y la llevó de regreso a Oregón para conseguir los recursos necesarios para concretarlo. 

"El respeto que nos tenían marcó una enorme diferencia. Te hace ser proactiva. Te hace querer salir y descubrir qué más puedes lograr como persona".

Mia Hamm, campeona mundial de futbol

Tras firmar con la federación estadounidense, Nike pudo formalizar aún más su compromiso con el futbol femenino. Por ejemplo, Nike trató a Hamm y a la selección femenina de Estados Unidos como verdaderas colaboradoras: les preguntó cómo querían que les quedara la ropa, desarrolló calzado diseñado específicamente para los pies de las mujeres y escuchó sus opiniones como pocas veces se había visto en este deporte.

"Estaban investigando mucho sobre las diferencias entre los pies de hombres y mujeres", comentó Hamm en una entrevista para DNA. "Hablaban mucho conmigo sobre el calzado, sobre lo que me gustaba a mí y también a otras jugadoras. El respeto que nos tenían marcó una enorme diferencia. Te hace ser proactiva. Te hace querer salir y descubrir qué más puedes lograr como persona".

Cuando recibieron la ropa, reflejaba exactamente todo lo que las jugadoras habían solicitado. Para Hamm, aquello se sentía menos como un patrocinio y más como una verdadera alianza. Y dejó una huella duradera en todo el equipo.

El acuerdo que comenzó con garabatos en una servilleta de bar culminó, años después, en un edificio de la sede mundial de Nike con el nombre de la atleta.

El acuerdo

Ya con un acuerdo cerrado con la federación y Hamm, la nueva división se enfocó en el objetivo que había iniciado todo.

Knight había dicho que quería a Brasil. Ahora era momento de cumplirlo.

Para lograrlo, iba a hacer falta algo más que trabajo duro o ambición: paciencia. En Brasil, las relaciones personales van antes que los negocios, y el equipo de Nike lo aprendió rápidamente. Durante dos años, demostraron a Brasil por qué debía asociarse con la marca. Reuniones constantes, llamadas de seguimiento y, sobre todo, escuchar. 

Fue un ejercicio de determinación absoluta, la que surge cuando se persigue un objetivo único e inquebrantable.

En julio de 1996, el esfuerzo rindió frutos. El equipo de Nike firmó un contrato para patrocinar a todas las selecciones nacionales de Brasil. Hasta ese momento, era el acuerdo más importante en la historia del deporte y, para el Swoosh, la esencia de Brasil definiría lo que significaba Nike Futbol: creatividad, ataque, instinto y alegría; un estilo que la marca sigue defendiendo e impulsando hoy.

En julio de 1996, Nike firmó con la Confederación Brasileña de Futbol, en lo que entonces fue el acuerdo más trascendental en la historia del deporte. Su estilo creativo y alegre terminaría definiendo a Nike Futbol.


El día que se anunció el acuerdo, las acciones de Nike cayeron un 5%. El mercado veía a la marca aventurándose en un terreno aún no probado. Dentro de Nike, sin embargo, nadie perdió el sueño por ello. El equipo que había pasado dos años viajando a Brasil incluso para una comida entendía perfectamente lo que había conseguido. "Era una propuesta increíblemente inspiradora y emocionante", dijo Bodecker. "Es como firmar a los New York Yankees o los Boston Celtics". Ya habría tiempo para que el mercado reaccionara.

Estaban tan convencidos de ello que, después de firmar los documentos, algunos de los responsables del acuerdo entraron a un bar cercano y pidieron la botella de coñac más cara que encontraron. Como si fuera una escena de película, dos de las figuras más influyentes del futbol europeo —aliados del principal competidor de Nike— entraron al lugar y se sentaron cerca. Uno de los representantes de Nike los reconoció de inmediato, pero guardó silencio.

"Tuve que contenerme", recordó quien entonces era director global de Marketing Deportivo de Nike. "Me habría encantado acercarme y susurrarles al oído: 'Acabamos de firmar con Brasil'".

"Cuando trasciendes el deporte y empiezas a formar parte de la cultura popular, es cuando Nike hace lo que mejor sabe hacer".

Un líder del equipo de Nike Futbol en 1997
"Au Revoir"

Firmar con Brasil no fue lo único que convirtió a 1996 en un año histórico. Ese verano, durante los Juegos Olímpicos de Atlanta, las inversiones de Nike en el futbol dieron frutos en el escenario más grande del deporte. 

La selección femenina de Estados Unidos —liderada por Mia Hamm, Brandi Chastain y Briana Scurry— ganó el oro en la primera final olímpica de futbol femenino, ante la mayor asistencia registrada hasta entonces para un evento deportivo femenino en Estados Unidos. En la rama de hombres, Nigeria, con quien Nike había firmado contrato apenas un año antes, conquistó la medalla de oro frente a Argentina. Dos equipos Nike. Dos medallas de oro. 

También fue el año en que Nike Futbol encontró su propia identidad creativa.

En abril, la compañía lanzó Good vs. Evil, un cortometraje que enfrentaba a algunos de los mejores futbolistas del mundo contra el equipo del propio Diablo en una cancha en llamas dentro de un antiguo coliseo tunecino. El rodaje duró aproximadamente 16 noches consecutivas y contó con un presupuesto inédito para esa época.

Si bien otros comerciales anteriores como The Wall ya habían introducido a Nike en el mundo del futbol, este fue el primero que capturó la atención de una audiencia internacional. Muchos países lo consideraron demasiado violento para estar al aire en el horario central. Pero de todas formas se convirtió en un fenómeno cultural.

En la escena final, Eric Cantona, uno de los futbolistas más carismáticos del mundo en ese momento, marcaba el gol decisivo contra el Diablo, levantaba el cuello de su jersey y lanzaba una única frase helada: "Au revoir". En toda Europa, los niños levantaban el cuello de sus jerseys y recreaban la escena en patios y canchas.

Un mes después de su emisión, Glenn Cole, director creativo de Wieden+Kennedy que estuvo detrás del film, se encontraba en un taxi en Europa. Cuando el conductor supo que trabajaba en publicidad, comenzó a contarle sobre un comercial que había visto en televisión: "el del Diablo". Su hijo, dijo, le pedía salir todas las noches al patio y ponerse del otro lado del jardín mientras el niño pateaba una pelota hacia su pecho, haciendo de Diablo e intentando hacerlo "explotar".

"Ahí fue cuando me di cuenta de que esto realmente había capturado la imaginación del tipo promedio", dijo Cole.

El anuncio que nadie esperaba

Si Good vs. Evil había anunciado la llegada de Nike al futbol, Airport lo llevó al siguiente nivel.

El concepto era engañosamente simple: la selección de Brasil, desde ahora patrocinada por Nike, para matar el tiempo antes de un vuelo, empieza un partido improvisado en la terminal. Sin villano. Sin Diablo. Sin canchas en llamas. Solo futbolistas haciendo lo que los futbolistas hacen cuando nadie los mira: jugar y reír, llenos de la alegría particular que había convertido a Brasil en la selección más querida del mundo.

"Siempre pensé que el secreto del éxito era ir en contra de lo que la gente espera", dijo Cole. "Nadie vio venir Good vs. Evil. Era bastante oscuro y pesado. Creo que después la gente estaba esperando la secuela de eso". 

El cambio de rumbo funcionó. Pero no fue fácil lograrlo.

La mayor parte del rodaje tuvo lugar en el aeropuerto internacional de Río de Janeiro entre Navidad y Año Nuevo de 1997, con el director John Woo a cargo. Nike había negociado permiso para filmar una vez que la terminal cerrara por la noche. 

Todo estaba listo... excepto el talento.

La selección nacional, de vacaciones en Brasil, llegó cuatro horas tarde, y la logística se complicó aún más por la naturaleza del propio set. Woo era un director de cine reconocido, pero las producciones publicitarias funcionan con los horarios de los atletas, no con los del director. Además, estaba lidiando con un fuerte agotamiento por calor.

Nike trajo al productor de Hollywood Lawrence Bender para ayudar a manejar el caos. 

Lo que surgió de ese caos, sin embargo, fue algo distinto a todo lo que Nike había hecho antes. En lugar de mostrar a un elenco de estrellas internacionales representando una trama dramática, Airport simplemente retrataba a Brasil siendo Brasil: sin guiones, alegres, completamente genuinos. Fue la primera vez que Nike construyó una campaña en torno a un equipo, en lugar de enfocarse en un atleta individual. Bodecker lo describió como un antes y un después. 

"Cuando trasciendes el deporte y empiezas a formar parte de la cultura popular, es cuando Nike hace lo que mejor sabe hacer", comentó uno de los líderes del equipo de Nike Futbol. "Poder lograrlo en el futbol, que era el único deporte en el que Nike realmente no había logrado abrirse camino, fue un gran logro. Después de eso, todo se aceleró".

Dos anuncios impresos de Nike de 1994, protagonizados por el delantero brasileño Bebeto y el atacante francés Eric Cantona, son ejemplos tempranos de las relaciones con atletas que sentaron las bases de las ambiciones globales de Nike Futbol.

Encontrar una filosofía

Mientras sus campañas captaban la atención del mundo, Nike comenzaba a darle nombre a algo que ya estaba tomando forma dentro de la marca.

En aquel momento, existía la sensación de que el futbol estaba perdiendo algo: se estaba volviendo más predecible, más cauteloso y menos vibrante. Pierre-Laurent Baudey, el francés apasionado por el futbol que Nike había incorporado para liderar sus esfuerzos publicitarios, lo percibía con claridad. 

Cuando Nike le pidió definir qué representaba la marca dentro del futbol, dijo que llevaba tiempo esperando esa pregunta.

Para encontrar la respuesta, recorrió escuelas y clubes de toda Europa, preguntando a jóvenes jugadores hacia dónde creían que debía evolucionar el deporte. Lo que surgió, tras meses de conversaciones, reflejaba lo mismo que Nike veía en el equipo con el que acababa de firmar: creatividad, espontaneidad y alegría. Un futbol jugado con libertad, no con miedo.

"Era algo difícil de definir", recordó Baudey. "Pero acabábamos de firmar a Ronaldo y se estaba convirtiendo en una superestrella. Era un jugador talentoso, visionario y apasionado, que aportaba una dimensión especial a su forma de jugar".

Lo llamaron "Brilliant Football" (futbol brillante), una filosofía que defendía que el llamado "juego bonito" debía ser realmente hermoso de ver. Dentro de Nike, esa idea se resumía en una sola palabra portuguesa: alegria, o "alegría de vivir". 

Brasil era su máxima expresión en la cancha. Esa visión marcaría todo lo que Nike haría en el futbol durante la siguiente década.

Ronaldo, fotografiado con su primer uniforme Nike de Brasil en 1997, aportaba una "dimensión especial" a su juego, según Pierre-Laurent Baudey, entonces líder de Marketing de Futbol Internacional de Nike.

Unos tacos diferentes

Para 1997, todas las piezas comenzaban a encajar. Ya éramos los patrocinadores de la selección. Las campañas conectaban con la gente. La filosofía estaba definida. Ahora Nike necesitaba unos tacos que estuvieran a la altura de toda esa ambición.

Pero antes debía resolver una cuestión más específica: crear unos tacos que los jugadores de élite europeos realmente quisieran usar. La respuesta llegó desde las faldas de los Dolomitas. 

Un par de años antes, mientras avanzaban los acuerdos en el futbol, Nike había enviado a Mark Wasley, un expatriado que vivía en Italia, a una instalación en Montebelluna. La región había sido durante generaciones uno de los centros más importantes de fabricación de calzado en Europa, además de albergar la principal industria mundial de botas de esquí y ser el origen de reconocidas marcas de futbol. 

Su modelo de trabajo se basaba en una filosofía artesanal completamente distinta. En Asia, las fábricas producían todos los componentes bajo un mismo techo. En Montebelluna, en cambio, cada componente estaba en manos de un especialista. Por ejemplo, había proveedores dedicados exclusivamente a fabricar plantillas, que se perfeccionaban en ese oficio durante toda una carrera. El resultado fue una colaboración que elevó el nivel de manufactura y transformó lo que Nike podía lograr en los tacos de futbol.

Con la colaboración de Montebelluna en marcha, Nike estaba lista para intentar algo verdaderamente innovador.

Ronaldo protagonizó una campaña de los Nike Mercurial, unos tacos diseñados para acompañar la aceleración explosiva que lo convertían en un jugador diferente a cualquier otro de su época.

Tim Smith, gerente de línea de producto en Nike y licenciado en escritura creativa, tomó un spike de atletismo, le quitó los spikes, le colocó tachones de futbol y lo dibujó con la forma de un taco. Ese prototipo rudimentario fue el punto de partida de lo que terminaría convirtiéndose en los Mercurial.

Los tacos se desarrollaron alrededor de Ronaldo y, en particular, de su estilo de juego. Los largos momentos de calma seguidos por explosiones repentinas de velocidad. Nike encuestó a jugadores sub-17 de élite en siete países europeos. Los eligieron porque ninguno tenía contratos de patrocinio de calzado y, por lo tanto, podían dar opiniones sinceras. Sus prioridades se convirtieron en la base del desarrollo técnico del producto.

La decisión más importante fue la de la parte superior. Hasta entonces, los tacos de futbol de alta calidad se fabricaban en cuero, mientras que los materiales sintéticos solían asociarse con imitaciones de menor nivel. Nike trabajó con una empresa japonesa para desarrollar el KNG-100, un cuero sintético que no absorbía agua, no se deformaba y era más ligero y delgado que cualquier otro material visto hasta entonces en el futbol. Un recubrimiento para control del balón, confeccionado con materiales utilizados en chasis de motocicletas de competición italianas, le otorgó una sensibilidad sin precedentes al contacto con el balón. Con apenas 1.75 milímetros de grosor, la placa tenía casi la mitad del espesor habitual de la época.

Nike llevó los prototipos a integrantes de la selección de Brasil y les dijo que era el mejor cuero que usarían en su vida, sin mencionar que en realidad ni siquiera era cuero. A los jugadores les gustaron tanto que se negaron a devolverlos.

Para crear el prototipo de los Mercurial, Tim Smith tomó un spike de atletismo, le colocó tachones de futbol y lo dibujó con la silueta de un taco. Los humildes comienzos de uno de los botines de futbol más icónicos.

Los Nike Mercurial SG, debutaron en los pies de Ronaldo en el Mundial de Francia 1998. Eran color azul, amarillo y cromo: los primeros tacos tan coloridos que se veían en el futbol.

Cuando llegó el momento de ponerles nombre a estos nuevos tacos (que internamente se había llamado “Ronaldo Ultra Speed”), Smith y su equipo consultaron libros de mitología griega y consideraban el nombre "Ultravelox". Pero Smith iba manejando a casa una noche cuando la palabra "mercurial" le vino a la mente. 

"Una de las definiciones es 'naturaleza que cambia rápidamente', y encaja perfectamente, porque si miras a Ronaldo, él camina esperando el momento adecuado para atacar. Y luego, cuando lo hace, es un jugador diferente". explicó Smith. "Acelera".

Los Mercurial debutaron en los pies de Ronaldo en el Mundial de Francia 1998. Eran color azul, amarillo y cromo: los primeros tacos tan coloridos que se veían en el futbol. "Ese fue un momento absolutamente definitorio en mi participación en el futbol", recordó Dave Daly, gerente de Marketing de Futbol en Europa.

"Hicimos unos tacos completamente distintos a todo lo que se había visto antes, y fue absolutamente fantástico. No eran una imitación. No eran solo una idea rara, excéntrica o loca de Nike. Eran reales, auténticos y hermosos, y los jugadores morían por usarlos".

Nike estimó que produciría alrededor de 20,000 pares en el primer año. Cerraron el año con 80,000.

"Éramos nuevos en el futbol y necesitábamos causar impacto".

Mark Pilkenton, quien supervisó la construcción de Nike Park.

En uno de los edificios más icónicos de Francia, el Arco de la Defensa en París, tomó forma durante el Mundial de 1998 un espacio interactivo de 6500 metros cuadrados llamado Nike Park.

Francia, 1998

Nike llegó a París ese verano vistiendo a seis selecciones: Brasil, Estados Unidos, Italia, Nigeria, Portugal y Países Bajos. Pero el mensaje más visible no estaba en el estadio. En el Arco de la Defensa, uno de los edificios más icónicos de Paris, Nike construyó el Nike Park, un espacio interactivo de 6500 metros cuadrados con canchas de pasto sintético, ejercicios interactivos, una tienda y, dentro de una caja de cristal en el centro, la copa de 1994 que tomó prestada de Brasil. Sobre el propio arco, una imponente estructura que se ubica sobre el mismo eje que el Arco del Triunfo y la Avenida de los Campos Elíseos, Nike montó una versión gigante de los Mercurial

Uno de los monumentos más reconocibles de Francia, cubierto por el Swoosh.

"Éramos nuevos en el futbol y necesitábamos hacer ruido", dijo Mark Pilkenton, quien supervisó la construcción del Nike Park.

El Nike Park tenía canchas de pasto sintético, un modelo gigante de los Mercurial, una tienda y, en el centro, la copa de 1994 que Nike tomó prestada de Brasil. El trofeo dejaba en claro que la marca había llegado al mundo del futbol.

Francia ganó ese año. Aunque no fue Brasil quien levantó el trofeo, el apoyo de Nike al futbol quedó claro. La marca que había llegado al deporte como una forastera cuatro años antes se convirtió en una presencia indiscutible.

Este verano, el torneo regresa a suelo estadounidense por primera vez desde aquel verano en el Rose Bowl. El deporte que Nike alguna vez consideró secundario hoy es uno de los capítulos más importantes de su historia... y uno de las fuerzas más poderosas.

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