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En el camino hacia la grandeza, Madison Hammond disfruta del recorrido

  • 28/5/2026

Para niños y niñas de todo el mundo, su sueño es convertirse en deportista profesional. Resulta fundamental tener referentes, sin embargo, en el caso de los pueblos nativos americanos, son muy pocos los casos de atletas que han llegado a profesionales. Pero Madison Hammond, mediocentro defensiva y parte de las tribus de Pueblo de San Felipe (Katishtya) y Navajo (Diné), sí tenía un modelo a seguir. Durante su infancia, su tío, Notah Begay III, era golfista profesional en el PGA Tour y creó la fundación NB3, una de las organizaciones sin ánimo de lucro que Nike y N7 Fund apoyan. "Por entonces, yo no entendía lo cerca que tenía la grandeza", dice Madison, la primera atleta nativa americana en la NWSL. "En las comunidades indígenas, la grandeza no es algo que se nos otorgue sin más, pero yo me había criado con ella muy cerca desde muy pequeña".  

Madison creció en Nuevo México (EE. UU.) y empezó a jugar al fútbol a los cinco años. Con nueve años, se mudó con su madre a Arlington (Virginia) y entró en el competitivo mundo del fútbol infantil. Sus entrenadores le decían que, si se esforzaba, tenía el potencial de ser tan buena como quisiera. Esto se convirtió en su mantra. 

Durante las vacaciones de verano volvía a Pueblo de San Felipe, donde participaba en campamentos financiados por la fundación NB3. Allí, jugaba al fútbol todo el día en un campo de moqueta - Turf que había puesto la fundación. Desde el campo verde intenso, que contrastaba con los tonos marrones del paisaje, veía las colinas sagradas de la reserva. Al jugar en un equipo donde había otras niñas nativas americanas, Madison podía disfrutar tanto del deporte como de su cultura. Resultaba empoderante.  

Hablamos con Madison sobre la suerte, las circunstancias, su camino hacia el éxito y el legado que espera dejar para nuevas generaciones de deportistas de pueblos nativos americanos.  

"Es un honor que exista la colección N7, que se centre en el fútbol y en los pueblos nativos americanos del Sudoeste y que sea yo quien la representa. Reúne todos los elementos con los que me identifico".

Madison Hammond

The Record: ¿Cuándo te diste cuenta de que tenías talento para el fútbol?

Madison Hammond: Tenía 10 u 11 años cuando lo sentí por primera vez. Supe que no solo quería ser buena, sino que quería ser genial.

TR: Hablas de tu tío como un modelo a seguir. ¿De qué forma te ha inspirado?

MH: Mi tío era golfista profesional y atleta Nike. Creo que me ha servido de inspiración de dos formas diferentes. Por un lado, él también fue el primer nativo americano en su deporte. Por otro, creó la fundación NB3, que siempre ha formado parte de mi vida. Jugué en un equipo a través de su fundación, y mi otro tío fue mi entrenador. Poder jugar en la reserva con otras niñas de Pueblo de San Felipe me marcó mucho. No es algo que haya podido hacer a menudo a lo largo de mi trayectoria futbolística; normalmente era una de las pocas niñas racializadas del equipo. No me di cuenta del impacto que tendría en mi vida hasta que pasaron 20 años.

TR: ¿Cuándo supiste que querías ser futbolista profesional?

MH: Cuando me uní al equipo universitario, no estaba pensando en ser profesional, sino en ser tan buena como pudiera. Mi mentalidad ha sido esa toda mi vida: mientras siga mejorando, nada me va a parar.

TR: ¿Te has encontrado con algún obstáculo importante hasta ahora?

MH: En mi universidad casi todas las personas eran de raza blanca y con un alto poder adquisitivo, así que me sentía fuera de lugar. Fue la primera vez que tuve que recordarme quién era, cuáles eran mis valores y por qué me ayudaban a ser una buena futbolista. Todo está relacionado con mis creencias tradicionales.

Madison con cuatro años jugando en el equipo de los Young Dragons de Albuquerque (Nuevo México).

Madison con cinco años, fotografiada por su tía durante una celebración tradicional en Pueblo de San Felipe.

Madison en sus años de primaria jugando para el equipo Prince William de Woodbridge (Virginia).

Navidades en casa en Pueblo de San Felipe.

TR: ¿Cómo fue la transición de jugar en la universidad a jugar como profesional?

MH: En la universidad, jugaba todos los partidos, casi siempre los 90 minutos, fui capitana en tercero y cuarto, me llamaron para el segundo equipo de la All-Atlantic Coast Conference... Todo eran retos, pero al mismo tiempo todo era más fácil. Todo el mundo te dice que eres la mejor y te riega en halagos. Y luego llegas al mundo profesional y eres una novata. Y estás de nuevo empezando desde abajo, después de llevar más de diez años jugando. Nadie te enseña cómo lidiar con algo así.

TR: ¿Y cómo lo hiciste?

MH: Por cómo somos mi familia y yo, nunca me he enfrentado a esas sensaciones. Nunca validaba sentimientos como el enfado, ni asimilaba que no soy perfecta y no siempre voy a alcanzar la excelencia. Si tenía un mal día, apretaba los dientes y aguantaba. Pero esa mala costumbre que había llevado toda mi vida tuvo sus consecuencias durante mi primer año como profesional, cuando dudaba de mí misma y perdía la confianza porque el fútbol ya no era solo un juego. Me di cuenta de que valoraba demasiado estar en el campo, y no lo suficiente el hecho de haber llegado hasta ahí.

TR: Cuando piensas en tu recorrido, ¿qué ha cambiado en ti? ¿Qué has aprendido desde que juegas a nivel profesional?

MH: Ahora sé lo fácil que es que las dudas y las inseguridades destruyan una carrera. Llevo ya siete años como futbolista profesional. Personalmente, creo que nunca me había dado a mí misma el crédito que merezco por ser buena jugadora hasta que me he hecho más mayor y he sido capaz de mirar atrás. En el momento, solo piensas en cumplir tu objetivo cada día. Vas, entrenas al máximo, juegas al máximo. Pero no creo que me diera el reconocimiento que merecía. Algo en lo que quiero mejorar es en celebrar mi trayectoria.

Madison y TJ Kahoalii, futbolista de la nación Tolowa Dee-Ni' y la tribu kanaka maoli (nativa de Hawái), presentan la colección N7 de Nike para verano de 2026.

"Creo que la mejor forma de inspirar a una nueva generación de atletas de pueblos nativos es seguir buscando la excelencia en el campo de juego y honrar mis orígenes y devolverles todo lo que me han aportado".

Madison Hammond

TR: ¿Qué representa esta colección N7 para ti? ¿Cómo te sientes siendo una de sus caras visibles?

MH: Para mí, N7 supone tener la oportunidad de informar y generar debate, y demuestra lo increíbles que pueden ser las diferentes comunidades y tribus. Creo que esta colección muestra que podemos formar parte de la cultura de masas. Es un ejemplo increíble de las influencias de diseños nativos, y resulta realmente auténtica. Uno de los motivos del diseño recuerda el de un pueblo; sus colores representan el terreno montañoso, el barro y el agua. Todo esto tiene mucho significado para mí para mi familia y para mi gente. Es un honor que exista la colección N7, que se centre en el fútbol y en los pueblos nativos americanos del Sudoeste y que sea yo quien la representa. Reúne todos los elementos con los que me identifico.

TR: ¿Cuál es tu objetivo como representante de tu comunidad?

MH: Como mujer de color, uno de mis principios fundamentales es ser una participante activa en las comunidades de las que formo parte. Creo que ser coherente con mis valores y tradiciones me ha dado la confianza para ser valiente en el mundo del deporte. Puede resultar muy solitario, pero mi experiencia como mujer negra y de pueblo indígena me sirve para emplear esa misma actitud participativa en los equipos en los que estoy y así ser la mejor compañera posible.

TR: ¿De qué forma te gustaría servir de inspiración para las nuevas generaciones de atletas de pueblos nativos americanos?

MH: Creo que la mejor forma de inspirar a una nueva generación de atletas de pueblos nativos es seguir buscando la excelencia en el campo de juego y honrar mis orígenes y devolverles todo lo que me han aportado. Actualmente, hay mujeres nativas americanas haciendo cosas increíbles, como Janee’ Kassanavoid y SilentRain Espinoza. Me alegra mucho saber que no soy la única dando visibilidad y transmitiendo un mensaje de que existe la posibilidad de llegar aquí. Somos el ejemplo de que, si das la oportunidad a las personas de mi comunidad, estamos a la altura de las expectativas.

TR: ¿Cuál quieres que sea tu legado?

MH: Espero ser un recordatorio para los jóvenes de que no pasa nada por venir de un pueblo pequeño. Que no pasa nada por ser de una comunidad pequeña. Siempre va a ser posible llegar hasta donde estoy yo.

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