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Tony Finau: llegar lejos es una cuestión de mentalidad

  • 15/1/2026

Si tuviese que elegir cuál fue el momento clave de su carrera en el golf, seguramente él mismo elegiría el Masters de 2018. Fue nada más clavar un hoyo en un solo golpe en un par-3 del Augusta National. Para celebrarlo, echó a correr hacia el hoyo, con tan mala suerte que, en un mal apoyo, se dislocó el tobillo izquierdo (aviso por si alguien va a buscar el vídeo: no es agradable de ver). Con el rostro contraído en una mueca de dolor, se lo recolocó con sus propias manos y siguió jugando. Acabaría la semana entre los 10 primeros. Dos meses más tarde entró en el grupo final en el US Open. Y se clasificó para participar en su primera Ryder Cup. Todo eso en una temporada en la que tuvo que mimar su pie izquierdo y evitarle cualquier presión.

Esa es precisamente una de las cualidades de Finau, que exprime su físico al límite. Y este mes se une a Jordan y se convierte en la última incorporación al equipo de golf. A primera vista, desde luego, aquel episodio no parece haberle dejado secuelas. Este ágil atleta de más de 1,90 de estatura posee uno de los drives más potentes del circuito profesional. Desde los 17 años, es capaz de lanzar bolas propulsadas a más de 300 km/h. Lleva el deporte en la sangre, ya que desciende de una orgullosa familia de atletas de Tonga y Samoa, con grandes resultados especialmente en el fútbol americano. Y en cuanto salió del instituto, lo ficharon para un equipo de baloncesto. Pero le picó el gusanillo del golf; tanto que acabó por llevarlo a la élite. Incluso probó suerte y se presentó como candidato a un reality show de la tele centrado en el golf. Luego se pasó años viajando sin descanso y participando en torneos del Mini-Tour muy exigentes por todo el país. ¿Mereció la pena? Desde luego que sí. A continuación, Finau nos explica las mil vueltas de su carrera, cuenta en qué momentos lo salvó su propia tenacidad y nos desvela el secreto de su drive. 



Hay instantes en los que tu concepto de la victoria cambia radicalmente. Por ejemplo, el Masters de 2018. Fue alucinante. Me marco un hoyo en uno y, en plena celebración, hago el ridículo a lo grande, televisado para todo el país. Pero bueno, veamos cómo acabó el torneo. Terminé 6 de los últimos 7 hoyos con birdies. Menudo domingo: anoté 66 golpes. Cuando me fui del hoyo 72, me sentía un auténtico campeón. Me merecía que alguien me entregase la chaqueta verde. En la vida, lo más normal es perder. Fallas muchas más veces de las que triunfas. ¿Significa eso que has fracasado? Yo opino que no, para nada.

En palabras del propio Finau: "Me hace una ilusión tremenda unirme a Jordan ahora que la marca se quiere meter en el golf. Hay tantísimas cosas que podemos hacer por este deporte".

En la vida, habrá días en que tengas que apretar los dientes y hacer de tripas corazón para demostrar de qué pasta eres. Yo entré en el circuito profesional en 2007, pero no accedí al PGA Tour hasta 2013, así que me pasé 6 años soportando las penurias del Mini-Tour. Tuve que aprender mucho, viajar a todas partes e ir sumando victorias como buenamente pude. En el Mini-Tour, peleas por cada céntimo, te la juegas en cada golpe. Muchas veces tuve que dormir en el coche y estar sin comer para poder seguir adelante. Fue una época muy difícil, pero en el fondo tuvo algo sensacional, porque pude ver de lo que soy capaz a base de sacrificio. 

Los deportes individuales exigen una fidelidad y una pasión muy especiales. En el golf, como en otras disciplinas, no tienes compañeros de equipo en los que apoyarte. Compites a solas contra todo el mundo. Hay gente que lleva mal este aspecto, que echa de menos el componente de equipo. En mi caso, cuando empecé a jugar, de joven, le cogí gusto a ese carácter individual. Tenía que apañármelas solo, ir averiguando cómo mejorar por mi propia cuenta. Cuando llegaba a cada campo, la clave era aislarme del entorno y aprender a concentrarme.

La serenidad no está directamente relacionada con tu técnica y habilidad deportiva, pero sí que está muy conectada con tu vida como atleta. En 2009, mi hermano y yo nos apuntamos a "The Big Break", que era un reality show con formato de competición del canal de TV Golf Channel. Yo tenía 20 años entonces. Nos pasábamos el día entero bajo las cámaras, sin descanso. Nos grababan en todo momento, fuésemos donde fuésemos. Era una locura y nos costó trabajo adaptarnos. Pero lo que recuerdo es que, cuando terminó, yo estaba convencido de que triunfaría. Me dije: "Vas a ser una estrella del golf. Esta exposición mediática es lo que te espera si te conviertes en profesional". Llegó un punto en que ya me daba igual si había público observándome o no. Mi misión consistía en mantener la concentración y jugar lo mejor posible. Nada más. 

El deporte siempre formó parte de nuestra familia. Mis orígenes son polinesios y mi madre tenía un espectáculo de luau con música y comida cuando yo era pequeño, así que aprendí a tocar un montón de instrumentos para acompañarla en las actuaciones. Uno de los primeros que me cayeron en las manos fue el to'ere, que es una especie de tambor tahitiano. De niño también aprendí baile tradicional polinesio con antorchas. La música y la danza son dos ingredientes esenciales de mi identidad, al mismo nivel que el deporte. 

Me parece muy fácil que una misma persona reúna gustos tan diversos. Pero, si quieres triunfar en la élite, tienes que dar lo mejor de ti en todo momento, no solo cuando te apetece o te viene bien. Mi madre siempre me decía esto: "La forma en que haces algo es la misma para todas las cosas". Y el golf no es una excepción. Se trata de esforzarte por alcanzar la gloria en un juego dificilísimo. Un juego donde es imposible tocar la perfección. Pero, aunque sea imposible, tienes que seguir intentándolo. La idea es seguir mejorando, esforzarte al máximo. Y eso es lo que hago en todos los ámbitos de la vida. En el campo de golf, en el gimnasio, como marido y como padre. Lo que intento es superar mis propios límites, en todos los aspectos. 

"Me parece muy fácil que una misma persona reúna gustos dispares. Pero, si quieres triunfar en la élite, tienes que dar lo mejor de ti en todo momento, no solo cuando te apetece o te viene bien".

Tony Finau

Los golfistas suelen ser gente muy supersticiosa. Uno de mis rituales consiste en vestirme de verde todos los domingos. Ese era el color favorito de mi madre, que falleció en 2011. Vestirme así es como un homenaje, una forma de recordar que me acompaña siempre sobre la hierba. 

Unirme a la marca Jordan supone un nuevo capítulo de mi carrera. Por supuesto, Michael es un símbolo de la excelencia al más alto nivel. Es increíble formar parte de la franquicia Jordan y representar a una figura tan extraordinaria como Michael. Lo conocí cuando yo tenía 17 años y he jugado varias veces en The Grove, el campo de golf privado que tiene en Florida. Y siempre me ha invitado a volver: "Si te pasas por aquí, tienes las puertas abiertas". Así que en 2024 fui a jugar una eliminatoria. Sabía de antemano que, al terminar los partidos, me quedaría en West Palm para hacer unas sesiones de fotos de un patrocinador. Me acompañaba mi hijo y entonces se me ocurrió que sería tremendo llevarlo a echar unos hoyos a The Grove. Así que le mandé un mensaje a Michael. Por probar no se perdía nada. Me respondió a los 30 segundos: "Este fin de semana el campo está cerrado, pero para ti y tu hijo, hacemos hueco. Venid y veremos qué se puede hacer". Aquel día jugamos 18 hoyos, teníamos el campo entero para nosotros solos. Mi hijo y yo, nadie más. ¡Menuda experiencia! No la olvidaré jamás. Y ese es el tipo de efecto que provoca Michael en otras personas.


Tenemos más imágenes que puedes descargar, además de un vídeo complementario con la bienvenida de Finau a la familia Jordan. Lo puedes ver todo con un clic aquí.

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