• A por la victoria

Alysa Liu está triunfando a su manera

  • 23/3/2026

Cuando Alysa Liu llegó al final de su programa libre de cuatro minutos, la energía que se respiraba en el Milano Ice Skating Arena era inconfundible. Las últimas notas de la canción MacArthur Park Suite de Donna Summer resonaban por todo el estadio mientras Alysa cerraba su número con una gran sonrisa y sacudiéndose la coleta en un gesto juguetón hacia la cámara. El público estalló en vítores. Siete saltos triples. Cero errores. La patinadora artística del equipo estadounidense, de 20 años, con un vestido dorado brillante, acaba de hacer la actuación de su vida. Instantes después, las puntuaciones lo confirmaban: Alysa había ganado el oro olímpico, convirtiéndose en la primera mujer estadounidense en casi un cuarto de siglo en alzarse con el mayor galardón de este deporte.

Para Alysa, la victoria en Milán-Cortina supone la culminación de una de las trayectorias más inesperadas del patinaje artístico. A los 13 años se convirtió en la campeona nacional más joven de Estados Unidos, pero abandonó el deporte en su adolescencia, agotada por la presión de la competición de élite. Sin embargo, casi dos años después, regresó con una perspectiva diferente: si iba a volver a patinar, sería a su manera. Porque le encantaba. Y si llegara a ganar, lo haría siendo ella misma, no como otra persona pensara que debía ser una campeona.

Esa mentalidad ha ayudado a Alysa a convertirse en una de las atletas más fascinantes de este deporte, ya que está redefiniendo el concepto de la victoria. A continuación, nos cuenta cómo ve la presión y el éxito, y cómo ha aprendido a confiar en sí misma.

El éxito puede significar muchas cosas. Para mí, consiste en estar con las personas que quiero, crear recuerdos con ellas y pasar tiempo juntas. Se trata de vivir experiencias nuevas y, sencillamente, de vivir. Tengo un mantra que me repito siempre: solo se vive una vez. Aunque suene a tópico, es así. Hay que aprovechar al máximo cada momento.

Últimamente, digo más que no a aquello a lo que antes solía decir que sí. Me gusta escuchar a los demás y probar cosas nuevas, pero hago caso a mi intuición. Cuando volví al patinaje artístico, la gente me decía que tendría que cambiarme el peinado, y yo les respondía que no iba a hacerlo. La gente me sugiere canciones y yo las tengo en cuenta, pero si no me gustan, no voy a patinar con ellas. Quiero tomar decisiones que reflejen mi personalidad.

Mi consejo para peques o para cualquiera que sienta mucha presión es que paren un momento y se pregunten de quién o de dónde viene realmente. Es fácil sentir que hay muchas expectativas puestas en ti, pero si lo piensas bien, ¿quién las tiene? Normalmente, no mucha gente. A mí me ayuda escribir un diario e identificar de dónde viene ese sentimiento. A veces, cuando lo analizas más a fondo, te das cuenta de que viene de una persona concreta, o quizá de nadie.

Es importante rodearse de las personas adecuadas. Debes tener a tu alrededor a gente a quien le importes, que se preocupe por ti. He tenido la suerte de formar un equipo que entiende lo que quiero. Me dan libertad para elegir. Yo tengo la última palabra en todo: los programas, la música, el vestido, el peinado, el maquillaje... Respetan mis decisiones artísticas, y eso marca la diferencia. 

Es fácil olvidar por qué empezamos algo. Si te resulta demasiado duro, ya sea mental o físicamente, tómate un descanso y prueba otras cosas. Date un respiro, replantéatelo y piensa en si te sigue llamando la atención. Si es así, estupendo. Y si no es así, quizás estés sintiendo atracción hacia algo completamente nuevo.

Al final de mis programas, siempre intento hacer algo para las cámaras. Las tienes justo delante cuando acabas de patinar, así que hay que aprovechar. Lo que más me gusta es sacudirme el pelo. Durante el ejercicio, no tienes muchos primeros planos.

"A menos que te encante la idea, no tengas miedo a decir que ni de broma. Así veo las actividades o las oportunidades que se me plantean últimamente".

En cuanto al entrenamiento, soy bastante disciplinada. La verdad es que me gusta entrenar. Es mi parte favorita de ser atleta. Lo idealizo mucho. Nadie tiene que decirme cuándo parar. Me conozco muy bien, así que sé cuáles son mis límites. Y eso es fruto de mucho ensayo y error.

Mi forma favorita de desconectar es apagar el móvil. Normalmente, es lo que más me agobia. Así que, cuando me pasa, lo apago y paso tiempo con amigos y familia.

A menos que te encante la idea, no tengas miedo a decir que ni de broma.Así veo las actividades o las oportunidades que se me plantean últimamente. Sigo diciendo que sí a muchas cosas, pero ahora lo hago de forma más consciente. No me suelo arrepentir de nada. La vida te enseña. Para llegar adonde estoy, he aprendido a no reprimir sentimientos y necesidades, y a dejar de poner a ciertas personas en un pedestal.

Para volver a sentirme libre, tuve que desaprender la rutina. Estaba atrapada en el mismo día una y otra vez. Si quieres una vida diferente, tienes que tomar decisiones diferentes. Tuve que cambiar lo que hacía para conseguir otro resultado.

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